Los trastornos alimentarios se pueden definir como hábitos anormales y dañinos utilizados para intentar bajar o mantener un peso no saludable (Wells et al., 2015). Aunque hablar de TCA es algo genérico, nos referimos a un trastorno mental grave caracterizado por un deseo sobre valorado de perder peso y/o estar delgado o un miedo irracional a engordar y una imagen corporal distorsionada (tan et al., 2016).

Actualmente sabemos que la población deportiva tiene mayor riesgo (Tan et al., 2016). Además de una mayor prevalencia en mujeres, lo que supone más riesgo si cabe para atletas femeninas, y mayor si cabe en ciertas disciplinas de estética o resistencia.

Son muchos los autores e investigadores que han analizado la relación de TCAs con el perfeccionismo

El perfeccionismo puede definirse como el establecimiento de estándares extremadamente altos (Frost et al., 1990), considerándose un constructo multidimensional que puede ser adaptativo o desadaptativo

Hay otra variables a parte del perfeccionismo involucradas en el potencial desarrollo de TCA, como, la falta de autorregulación emocional o el neuroticismo, que a su vez inciden también en la insatisfacción corporal (Petrie et al., 2009; Shriver et al., 2016; Tylka, 2004).

La interiorización de una delgadez normativa también parece estar relacionada con la insatisfacción corporal, posiblemente por la influencia de medios y estándares socioculturales, o la propia subcultura deportiva (Keery et al., 2004). Refiriéndose a que se toman los mensajes recibidos sobre el cuerpo tan en serio como para idealizar una imagen corporal poco realista.

Aunque el perfeccionismo ha sido considerado como un rasgo de personalidad adaptativa en la élite deportiva, se ha demostrado también que está asociado a síntomas de desórdenes alimentarios (Schwarz et al., 2005); en concreto el perfeccionismo negativo o autocrítico, que implica un sistema de autoevaluación disfuncional (Shanmugam y Davies, 2015).

Por lo tanto, la información existente hasta la fecha sugiere que el perfeccionismo como rasgo de personalidad, junto con factores ambientales y otros, puede aumentar el riesgo de desarrollar un TCA, pero es complicado distinguir la relación exacta. Se considera un factor de riesgo para el desarrollo pero también como una complicación a posteriori.

Aunque en la literatura científica existen resultados mixtos: una parte apoya que el perfeccionismo puede ser clave en los TCA y otros sugieren que el desarrollo de la enfermedad puede provocar un aumento en los niveles de perfeccionismo. Por ejemplo, tener un trastorno alimentario puede aumentar las tendencias perfeccionistas en un individuo, especialmente en lo que respecta al mantenimiento de patrones rígidos y obsesivos que rodean el control de peso. 

También hay estudios que ofrecen la idea de que ciertos rasgos de la personalidad como el perfeccionismo pueden transmitirse dentro de la familia. Por un lado, sugieren la posible heredabilidad de los rasgos perfeccionistas que pueden hacer que uno sea más susceptible a desarrollar un trastorno alimentario. También es posible que estos rasgos se pasen ambientalmente y se aprendan. Por el otro, el trastorno alimentario en sí mismo puede exacerbar los rasgos perfeccionistas y, por lo tanto, producir un “efecto de cicatriz” en el que estos rasgos todavía sigan presentes en la recuperación.

Si bien aún se necesitan estudios longitudinales prospectivos para establecer la causalidad, la mayoría de los investigadores asumen que el perfeccionismo es un factor causal o de vulnerabilidad para el desarrollo de algunas formas de psicopatología como los TCA (Bieling et al., 2004).

Un posible mecanismo se refiere al papel del perfeccionismo en los intentos de alcanzar y mantener el estatus o rango social. Los altos niveles de perfeccionismo desadaptativo implican dudas sobre la propia conducta, preocupación excesiva por los errores y una mayor sensibilidad a las expectativas de los demás. Estas características pueden conducir a la búsqueda de fuentes de autovalidación más objetivas o externas. Dichas fuentes pueden incluir comentarios sociales en forma de comparaciones en dimensiones fácilmente cuantificables como el peso corporal (Bardone-Cone et al., 2007).

Otro posible mecanismo relacionado sería intentar ocultar los propios errores e imperfecciones, rasgo de personalidades perfeccionistas (Hewitt et al., 2003). Esto obviamente limita el aprendizaje y la retroalimentación positiva sobre la gravedad de dichos errores.

En definitiva, se trata de un área de la salud apasionante que traerá más investigación si cabe, aunque indudablemente hay bastante evidencia disponible que relaciona los rasgos de personalidad perfeccionistas desadaptativos como un potencial factor causal en el desarrollo de diferentes TCA, así como una complicación en su tratamiento y recuperación. Es evidente que la búsqueda de determinados ideales o estándares inalcanzables puede suponer un bajo sentimiento de autoeficacia, una peor autovaloración y autoconcepto, y esto sumado a una falta de herramientas para la gestión emocional y un entorno a menudo muy hostil, puede predisponer significativamente a este tipo de psicopatologías.